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lunes, 31 de marzo de 2014
viernes, 28 de marzo de 2014
Introducción - Las historias del diario
Sus páginas olían a madera, por muy raro que suene decirlo. Cada vez que pasabas de una a otra tenías la sensación en la yema de tus dedos de que un pedacito de éstas se quedaba contigo, como si cayeran trocitos, virutas de papel que permanecerían adheridas a tu piel para siempre. Con el característico sonido del hojear respiras la antigüedad de las letras que hay allí plasmadas, y entonces te detienes y empiezas a leer el comienzo de algún título llamativo.
Lo que hay escrito en ese diario no son experiencias cotidianas ni pensamientos profundos, no son ensayos ni memorias desesperadas de un adolescente. Lo que lees son las visiones del explorador que todos los tiempos conoce y todos los mundos recorre, aquello que en algún lugar muy lejano ha sucedido y sus oídos han captado y su nariz olfateado. Te detienes en una página, y posas tus ojos donde él ya los ha fijado antes.
Y te dejas llevar.
Comienza el viaje a través de los nueve mundos, y de más si los hubiera, a través de los nueve tiempos acompañando a protagonistas de nueve historias distintas que algo tienen en común y que el lector apenas puede comenzar a intuir. Aquel que recoge estas páginas y se pierde en ellas goza del privilegio de acompañar al explorador que todo lo ha presenciado y todo lo cuenta para que gente como tú lo viva, como lo vivieron antes sus personajes, y él mismo.
Y la primera historia comienza así, con las primeras virutas de papel sobre tus dedos y el aroma de madera inundando tu nariz. Casi puedes oír el sonido de su voz, la voz dulce, alegre, profunda y sabia de un joven que no aparenta tener mucha más edad que tú. Le oyes reír, y junto a los primeros acordes de un laúd comienza a relatar.
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